Por Armando González de la Fuente | eSpiralu
Hay una contradicción en Playas de Rosarito: somos el punto de partida de uno de los paseos ciclistas más importantes de México, el Rosarito-Ensenada, que desde hace más de 30 años reúne dos veces al año a miles de ciclistas, pero nuestra ciudad todavía carece de una verdadera cultura de la bicicleta y de una red segura de ciclovías.

Hace algunos años se habilitó una parte del bulevar como ciclovía. La intención fue buena, pero con el tiempo dejó de respetarse y prácticamente dejó de funcionar como tal.
Rosarito podría recuperar ese espacio y, sobre todo, avanzar hacia una red de rutas ciclistas seguras, conectadas con colonias, zonas comerciales, espacios culturales y el malecón.
En los últimos años también ha crecido el movimiento de corredores. Cada tarde y noche es común ver a los llamados runners salir a ejercitarse, convivir y cuidar su salud. ¿Por qué no impulsar con la misma fuerza una cultura de la bicicleta?
Pero para lograrlo se requiere también educación vial. El ciclista debe conocer y respetar las reglas de tránsito, utilizar equipo de seguridad y circular responsablemente; mientras que el automovilista debe aprender a compartir la calle, respetar la distancia de seguridad y reconocer que la bicicleta también es un medio legítimo de transporte.
La infraestructura puede complementarse con algo tan sencillo como racks para estacionar bicicletas en parques, oficinas, escuelas, comercios, restaurantes y cafeterías. Incluso podrían crearse incentivos: descuentos o promociones para quienes lleguen pedaleando.
También podemos aprender de ciudades como la Ciudad de México y de muchas otras partes del mundo, donde los paseos ciclistas se han convertido en verdaderas experiencias de convivencia y se acompañan de actividades culturales, artísticas y recreativas.
Rosarito podría tener sus propios domingos en bicicleta, rutas familiares frente al mar, recorridos históricos y circuitos que conecten arte, cultura, gastronomía y naturaleza.
El Rosarito-Ensenada ya nos dio una identidad ciclista hacia afuera.
Ahora necesitamos construir una cultura ciclista hacia adentro.
Porque la bicicleta no solamente transporta personas: puede unir familias, colonias y generaciones, y ayudarnos a disfrutar y recuperar nuestra ciudad de otra manera.
