A los 26 años, Ivan ya se había proyectado como un gran artista multidisciplinario, destacando en la danza, la actuación y la dramaturgia. Su creatividad parecía apenas comenzar a encontrar el espacio y la libertad que necesitaba para expresarse plenamente.
Apenas unos meses antes de su fallecimiento, en abril, presentó en el CEART Rosarito su obra “Un Androide, Una Feminista y… Fútbol”, logrando una gran respuesta del público y despertando la expectativa de llevarla a distintos escenarios de la región.

Al terminar aquella presentación, todavía con la emoción del estreno, Ivan bajó del escenario y declaró a eSpiral TV que ya nada lo detendría. Había perdido mucho tiempo, dijo, y había llegado el momento de alcanzar la máxima expresión artística desde su ser, después de tanto tiempo de sentirse reprimido.

Nadie podía imaginar entonces que, apenas unos meses después, aquella celebración de vida y de creación se convertiría en uno de sus últimos grandes momentos.
Una tarde de verano, después de un mes hospitalizado, cuando ya no había nada más que hacer por su vida, sus amigos y su familia lo llevaron a su playa favorita en su natal Rosarito . Y ya entrada la noche, rodeado de quienes lo querían, Ivan falleció.

Hoy lo recordamos.
Porque duele profundamente la muerte de un joven. Y duele todavía más la partida de un joven creativo, talentoso y lleno de posibilidades, dejando en el tintero tantas obras, tantos escenarios, tantos personajes y todo aquello que pudo haber sido.
Pero también queda su obra, su voz, su irreverencia, su sensibilidad y esa determinación que expresó aquel día al bajar del escenario: ya nada lo detendría.
Tres años después, Iván sigue presente en la memoria de quienes lo conocieron y en la historia artística de Rosarito.
Ivan Lizarraga Hoffmann, presente.
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