Las Islas Coronado, tan cerca y tan lejos

Frente a las costas de Tijuana y Playas de Rosarito, las Islas Coronado forman parte inseparable de nuestro paisaje. En los días despejados parecen estar al alcance de la mano y, sin embargo, continúan siendo para la mayoría de nosotros un territorio distante y poco conocido.

El archipiélago se localiza aproximadamente a 15 kilómetros de nuestra costa y está integrado por varias islas e islotes. Actualmente forma parte de la Reserva de la Biosfera Islas del Pacífico de la Península de Baja California, Área Natural Protegida decretada en 2016 y administrada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Por su importancia ecológica, no están autorizadas las actividades turísticas en su zona terrestre.

Y hay buenas razones para protegerlas. Las Coronado constituyen un importante refugio para la vida silvestre del Pacífico bajacaliforniano. Numerosas aves marinas utilizan sus riscos y terrenos para reproducirse; de hecho, albergan la colonia reproductiva más grande de México del mérgulo de Scripps. En sus alrededores también es común observar lobos marinos y otras especies propias de este extraordinario ecosistema costero.

Pero las islas también guardan historias sorprendentes.

Durante los años de la Prohibición en Estados Unidos, cuando miles de estadounidenses cruzaban la frontera buscando entretenimiento que estaba restringido al norte, en la Isla Coronado Sur llegó a funcionar un hotel y casino conocido como Coronado Islands Yacht Club. Aquella aventura fue relativamente breve: tras prohibirse los juegos de azar en México, el establecimiento cambió de giro y funcionó como hotel. Con el paso de los años el edificio desapareció y hoy sobreviven principalmente vestigios de aquella época.

Casino / hotel y refugio de pescadores, solo quedan rastros de sus cimientos

Las islas también estuvieron estrechamente relacionadas con los pescadores de nuestra región. Durante décadas fueron refugio y punto de referencia para quienes recorrían estas aguas. Entre ellos se recuerda a don Vicente Pimentel, de Rosarito, quien junto con su familia llegó a pasar temporadas en la isla, testimonio de una época en que la relación entre las comunidades costeras y las Coronado era mucho más cercana.

En las aguas que rodean el archipiélago se desarrolla además una importante actividad de acuacultura relacionada con el atún aleta azul del Pacífico. CONANP reconoce la importancia de esta zona marina para esa actividad. Empresas especializadas mantienen atunes en grandes corrales circulares en aguas de Baja California, donde son alimentados principalmente con peces como sardina y anchoveta antes de su procesamiento y distribución a mercados internacionales. (Descubre ANP⁠)

Actualmente, Baja Aqua Farms señala que su producto llega a diferentes mercados del mundo mediante una cadena de distribución que busca mantener el producto fresco desde el océano hasta su destino final en menos de 36 horas. Japón continúa siendo uno de los mercados vinculados comercialmente con la empresa.

Las Coronado estuvieron también en el centro de una importante discusión ambiental a principios de este siglo. Frente a la posibilidad de desarrollar infraestructura energética de gran escala en esta zona del Pacífico, organizaciones ambientalistas, ciudadanos y distintos sectores de Baja California y California expresaron preocupación por el impacto que proyectos industriales podrían representar para el paisaje y el ecosistema insular.

Finalmente, el proyecto de ChevronTexaco para instalar una terminal de gas natural licuado asociada a las Islas Coronado no prosperó, evitando una transformación industrial de gran escala en uno de los paisajes naturales más reconocibles de nuestra costa.

Hoy, cuando observamos las islas desde Playas de Rosarito, quizá valga la pena mirarlas de otra manera.

No son solamente esas siluetas que aparecen cada mañana sobre el horizonte. Son territorio mexicano, refugio de aves y mamíferos marinos, escenario de historias de pescadores, casinos y aventuras fronterizas, y parte fundamental del patrimonio natural de nuestra región.

Las Islas Coronado están tan cerca que forman parte cotidiana de nuestro paisaje y, al mismo tiempo, tan lejos que muchos desconocemos su historia.

Quizá precisamente esa distancia y su protección han permitido que sigan ahí: silenciosas, naturales y vigilando desde el Pacífico la costa de Tijuana y Playas de Rosarito.

Datos:

En septiembre de 1542 Juan Rodríguez Cabrillo las llamó islas Desiertas, en 1602 Sebastián Vizcaíno las llamó Cuatro Coronados, han sido llamadas también en conjunto o unitariamente: Los Obispos, Las Coronadas, El Sarcófago, Islas del Muerto, Isla de Cortés (norte), Corpus Christi, Isla de la Momia, Islote Chico de Enmedio, e Islote Grande de Enmedio. Han sido llamadas también “Los Centinelas de la Bahía de San Diego” (California), aun cuando pertenecen a Baja California, México.

Bombardeo por un navío militar de Estados Unidos

Durante la Segunda Guerra Mundial la Isla Coronado Sur fue bombardeada por el navío USS PC 815 basado en San Diego (California) comandado por L. Ron Hubbard que después de la guerra cobró fama por sus libros y conferencias sobre Dianética y Cienciología. El 28 de junio de 1943 se le ordenó participar en un simulacro de guerra antisubmarina mar adentro junto con otras naves de guerra, el ejercicio terminó temprano y Hubbard al regreso decidió por su cuenta practicar con fuego real sobre la isla, aparentemente ignoraba que la isla era mexicana y estaba habitada por guardafaros y marinos, el gobierno mexicano protestó, Hubbard fue relevado del mando y recibió una severa amonestación.

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