Septiembre de 1996: Titanic llegó a Baja California y comenzó una nueva historia para Rosarito
PLAYAS DE ROSARITO, B.C.— Hace 30 años, en septiembre de 1996, una enorme réplica del Titanic comenzó a cobrar vida frente al mar de Playas de Rosarito. Entre estructuras metálicas, grúas, miles de metros de andamios y un gigantesco tanque de agua salada, un equipo de Hollywood iniciaba en Baja California una de las producciones cinematográficas más ambiciosas de todos los tiempos.
La claqueta marcaba el inicio de una nueva etapa.
James Cameron y su equipo habían elegido la costa de Rosarito para construir lo que parecía imposible: recrear a escala monumental el legendario trasatlántico que había naufragado en 1912.

La producción de Titanic ya había comenzado el 31 de julio de 1996 en Dartmouth, Nueva Escocia, donde se filmaron las primeras escenas de la expedición contemporánea y del descubrimiento del naufragio. Pero fue en septiembre cuando el proyecto se trasladó a los recién construidos Fox Baja Studios, al sur de Playas de Rosarito.
Ahí comenzó la parte que convertiría a Rosarito en un nombre conocido mundialmente dentro de la industria cinematográfica.

El proyecto había transformado prácticamente de la nada una franja de la costa en un enorme complejo cinematográfico. Fox había adquirido alrededor de 40 acres frente al mar y, desde el 31 de mayo de 1996, se había trabajado en la construcción del estudio, sus instalaciones y un gigantesco tanque de filmación.
La escala era extraordinaria.

La réplica exterior del Titanic alcanzaba aproximadamente 775 pies de longitud, mientras que el tanque de agua salada permitía crear la ilusión de que el barco navegaba en medio del océano.
Para quienes vivían en Rosarito, aquello era difícil de creer.

Desde la carretera escénica podía observarse la enorme silueta del trasatlántico. El proyecto era tan espectacular que, según testimonios publicados en la prensa especializada de la época, automovilistas se detenían a contemplarlo, provocando incluso algunos incidentes por la distracción.
Y detrás de aquella imagen había cientos de trabajadores, técnicos, constructores, artistas, especialistas navales, extras y actores.
Leonardo DiCaprio y Kate Winslet llegarían a interpretar en Rosarito a Jack Dawson y Rose DeWitt Bukater, dos personajes ficticios que terminarían convirtiéndose en algunos de los más reconocibles de la historia del cine.
Una de las escenas más recordadas de la película —el momento en que Jack dibuja a Rose— fue, precisamente, la primera escena que DiCaprio y Winslet filmaron juntos.
Treinta años después, resulta difícil dimensionar lo que significó aquel momento.
En 1996, Rosarito no solamente estaba recibiendo a una producción de Hollywood: estaba participando en la creación de una película que llegaría a convertirse en un fenómeno mundial.
Titanic se estrenó en diciembre de 1997 y terminó recaudando más de 2 mil millones de dólares en su primera etapa de exhibición, además de convertirse en una de las películas más premiadas y reconocidas de la historia.
Pero antes de los premios, antes del éxito mundial y antes de que millones de personas conocieran a Jack y Rose, hubo un momento mucho más sencillo:
una cámara, un equipo de filmación, actores frente a ella y una claqueta diciendo que la historia comenzaba.
Y esa historia, para Rosarito, también significó el nacimiento de una relación con el cine internacional que permanece hasta nuestros días.
TREINTA AÑOS DESPUÉS
Hoy, tres décadas después de aquella llegada, la historia de Titanic forma parte de la memoria colectiva de Playas de Rosarito.
Baja Studios permanece como uno de los grandes referentes de la industria cinematográfica en Baja California y el legado de aquella producción puede observarse no solamente en las instalaciones que dejó, sino también en la memoria de quienes vivieron aquellos meses extraordinarios.
Para una ciudad cuya identidad está profundamente ligada al turismo, al mar y a su paisaje costero, Titanic representó algo más que una película.
Rosarito fue, durante meses, Southampton, el Atlántico y el propio Titanic.
Y hace 30 años, en algún punto de aquella enorme escenografía frente al Pacífico, una claqueta dio paso a una historia que terminaría navegando mucho más lejos que la costa de Baja California.
