A seis décadas del inicio de la actividad surfista en la región, cuando los primeros “watermen” provenientes de California descubrieron los puntos emblemáticos de Baja California como el KM38 en Rosarito y San Miguel en Ensenada. El surf en Playas de Rosarito ha crecido entre olas de entusiasmo y periodos de abandono. Hoy, sin embargo, el contexto es distinto: existe historia, talento local, vocación turística y, sobre todo, un recurso natural privilegiado. Lo que falta no es potencial, sino visión.
Rosarito no necesita inventarse como destino surfista; ya lo es. La pregunta de fondo es si queremos —y podemos— convertirnos en una potencia mundial del surf. La respuesta es sí, pero implica asumir el reto con seriedad, estrategia y compromiso sostenido.

En nuestras costas rompen olas todos los días. Son accesibles, diversas y aptas para distintos niveles. Sin embargo, el aprovechamiento de este recurso ha sido fragmentado. Mientras el turismo de surf continúa llegando y los talentos locales destacan de forma aislada a nivel nacional e internacional, no existe aún un modelo estructurado que articule formación, comunidad, infraestructura y proyección global.

Ahí es donde debe centrarse la discusión.
El surf, más que un deporte, puede ser una poderosa herramienta de transformación social. Iniciativas como la escuela de Carlos Luna, con su programa “Olas para Todos”, han demostrado que el surf puede ser inclusivo, terapéutico y profundamente comunitario. Este tipo de esfuerzos no deberían depender únicamente de voluntades individuales; merecen respaldo institucional y ampliación.
Pensar en grande implica, por ejemplo, impulsar un programa municipal que forme a nuevas generaciones desde las colonias y las escuelas. Enseñar a nadar, comprender el mar, practicar el surf y cuidar el entorno debería ser parte de la formación básica en una ciudad costera. No solo por seguridad, sino por identidad.

Asimismo, se requiere inversión. No en infraestructura ostentosa, sino en lo esencial: transporte para jóvenes, equipo, instructores capacitados y espacios seguros para la práctica. Las olas ya están ahí; el acceso organizado es la verdadera barrera.
Pero quizás el elemento más importante es el enfoque. Convertirse en potencia mundial no significa únicamente producir campeones, aunque estos llegarán si el proceso es correcto. Significa construir comunidad, fortalecer el tejido social, ofrecer alternativas de desarrollo a la juventud y generar una cultura de respeto y cuidado del mar.

Rosarito tiene la oportunidad de diferenciarse no solo por la calidad de sus olas, sino por la calidad de su modelo: un surf con sentido social, inclusivo y ambientalmente responsable. Un surf que forme atletas, sí, pero también ciudadanos comprometidos.
Las olas son infinitas. Las posibilidades también. Lo que está en juego no es solo el futuro del surf en Rosarito, sino la capacidad de la ciudad para reconocerse en su mar y proyectarse desde él hacia el mundo.

https://shorturl.fm/Y2hMa
https://shorturl.fm/owI33
Новинки музыки 2026 скачать бесплатно https://shorturl.fm/tunN9
https://shorturl.fm/4YGQp