De las enormes columnas de humo negro a la generación con gas natural, la Central Presidente Juárez ha sido protagonista del desarrollo industrial, urbano y económico de la región. Hoy, su historia también plantea nuevos desafíos energéticos y ambientales.
Playas de Rosarito, Baja California. — Para varias generaciones de rosaritenses, las enormes chimeneas de la Central Termoeléctrica Presidente Juárez forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Ubicada sobre la costa, al norte de Rosarito, esta instalación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha desempeñado un papel fundamental en el suministro de energía para Tijuana, Rosarito y otras comunidades de Baja California.
Su historia se remonta a principios de la década de 1960, cuando la región experimentaba un importante crecimiento demográfico, industrial y urbano. Las primeras unidades generadoras comenzaron a operar en 1963, mientras que el complejo continuó ampliándose durante las décadas siguientes.
La construcción de la termoeléctrica representó mucho más que una inversión en infraestructura. Significó empleos especializados, nuevas oportunidades para trabajadores y técnicos, y la posibilidad de contar con electricidad para sostener el crecimiento de una región que comenzaba a transformarse aceleradamente.
Cuando el humo negro formaba parte del paisaje
Durante muchos años, la termoeléctrica utilizó combustóleo, un derivado pesado del petróleo, para producir electricidad mediante enormes calderas que generaban vapor y accionaban las turbinas.
Quienes vivieron en Rosarito durante aquellas décadas recuerdan las grandes columnas de humo oscuro que salían de sus chimeneas y podían observarse desde varios kilómetros de distancia.
En determinados periodos, el hollín llegaba a depositarse sobre automóviles, viviendas y otras superficies de la ciudad. Era una manifestación visible del impacto ambiental de una tecnología que, aunque indispensable para el desarrollo regional, tenía importantes consecuencias para la calidad del aire.
El combustóleo produce emisiones de partículas, óxidos de azufre y otros contaminantes. Con el paso del tiempo, la preocupación ambiental y los avances tecnológicos impulsaron una transición hacia combustibles menos contaminantes.
La llegada del gas natural
Uno de los cambios más importantes ocurrió con la incorporación de unidades de ciclo combinado alimentadas con gas natural, a principios del siglo XXI.
Esta tecnología permite aprovechar el calor de los gases de escape de las turbinas para producir vapor y generar electricidad adicional, aumentando la eficiencia de la planta.
El gas natural produce considerablemente menos partículas y dióxido de azufre que el combustóleo, aunque continúa generando dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno.
La transformación tecnológica contribuyó a modificar aquella imagen de la termoeléctrica asociada a las grandes emisiones de humo negro. Sin embargo, es importante señalar que la transición no significó que todas las unidades originales fueran sustituidas simultáneamente. Durante años coexistieron tecnologías convencionales y de ciclo combinado.
¿Cuál es su capacidad y situación actual?
La Central Presidente Juárez continúa siendo una instalación estratégica para el sistema eléctrico de Baja California.
Un documento técnico del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), publicado en 2024, registra una capacidad efectiva de 1,426 megawatts (MW) para el conjunto de instalaciones, incluyendo unidades de vapor, ciclo combinado y turbogás. Esta cifra corresponde a la capacidad reportada en ese documento, no necesariamente a la generación disponible en todo momento.
Las unidades más modernas utilizan principalmente gas natural. Sin embargo, los registros energéticos todavía identifican unidades convencionales con capacidad de utilizar combustóleo o gas, por lo que no sería correcto afirmar que este combustible ha desaparecido completamente de las instalaciones.
En octubre de 2026, la central sigue identificada como operativa en los registros especializados, aunque no se encontró un reporte público actualizado que precise cuántas unidades están generando electricidad diariamente, cuáles permanecen en reserva y cuál es su producción efectiva.
Una modernización importante en 2026
El pasado 16 de marzo, la CFE puso en servicio una nueva subestación encapsulada de 230 kilovoltios en las instalaciones Presidente Juárez, con tecnología que permite mejorar la operación y confiabilidad de la transmisión eléctrica.
De acuerdo con la propia Comisión, esta modernización está relacionada con la incorporación de nueva capacidad de generación en Baja California y beneficia a aproximadamente 122,500 usuarios.
La inversión confirma la importancia que conserva Rosarito dentro de la infraestructura energética regional.

Rosarito, un centro energético estratégico
La importancia de la termoeléctrica no puede entenderse de manera aislada. Junto con las instalaciones de almacenamiento y distribución de combustibles de Pemex y la infraestructura de gas natural, forma parte de lo que los instrumentos de planeación urbana identifican como el Centro Energético Rosarito.
Desde este punto de la costa se ha contribuido durante décadas al funcionamiento de industrias, comercios, viviendas, hospitales y servicios públicos de una de las regiones más dinámicas de México.
Sin embargo, el crecimiento de la demanda eléctrica también ha puesto en evidencia la necesidad de fortalecer las redes de transmisión y distribución, especialmente durante las olas de calor, cuando aumenta considerablemente el uso de sistemas de refrigeración y aire acondicionado.
Contar con una importante central generadora dentro del municipio no garantiza, por sí solo, que desaparezcan los apagones. La electricidad necesita una red moderna y suficiente para llegar de manera confiable a cada colonia.

Un patrimonio industrial que también debe mirar al futuro
A más de seis décadas de la puesta en marcha de sus primeras unidades, la termoeléctrica forma parte de la memoria industrial de Playas de Rosarito.
Miles de trabajadores y sus familias han estado vinculados directa o indirectamente con estas instalaciones, cuya presencia contribuyó a transformar una comunidad de vocación turística y rural en una ciudad con una importante actividad industrial y de servicios.
Hoy, el desafío es continuar modernizando esta infraestructura, reducir sus emisiones, incorporar tecnologías más limpias y garantizar un suministro eléctrico confiable, sin perder de vista la protección ambiental de nuestra zona costera.

La historia de la Central Presidente Juárez es también la historia del crecimiento de Baja California: desde aquellos años en que el humo negro de sus chimeneas marcaba el horizonte, hasta una época en la que la eficiencia energética y la sustentabilidad deben ocupar un lugar central.
Rosarito ha contribuido durante más de 60 años a generar la energía que impulsa a la región. El siguiente paso debe ser hacerlo con mayor eficiencia, responsabilidad ambiental y beneficios para la comunidad.
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