Por Armando de la Fuente
- Hay personajes que llegan a una ciudad y terminan convirtiéndose en parte de su identidad. Rocío Hoffmann es uno de ellos.
- Pintora, calígrafa, promotora cultural, activista ambiental y defensora de los animales, Rocío ha construido durante más de dos décadas una historia profundamente ligada a Playas de Rosarito
Rocío Hoffmann Silva nació en Coyoacán, Ciudad de México, en 1963. Desde muy pequeña mostró una inclinación natural hacia la pintura. Ella misma recuerda que, antes incluso de saber leer y escribir, ya llenaba de color hojas y paredes. A los cuatro años su madre descubrió su facilidad para pintar y comenzó a proporcionarle materiales.

Creció en Coyoacán, un barrio profundamente relacionado con la cultura y las artes. A los 13 años, su vida tomó rumbo hacia Baja California: su padre, ingeniero civil, obtuvo una obra en Mexicali y la familia se trasladó a esa ciudad. Allí, siendo adolescente, ingresó a los talleres de artes plásticas de la Casa de la Cultura.

Más tarde regresó a la Ciudad de México con la intención de estudiar formalmente artes plásticas. Sin embargo, no fue aceptada en La Esmeralda ni en San Carlos debido, entre otras circunstancias, a que había cursado la preparatoria en Calexico, California. Terminó estudiando teatro en el Centro de Arte Dramático de Coyoacán, una experiencia que, según ella misma ha contado, fue fundamental para vencer su timidez y aprender a desenvolverse frente a los demás.
Quizá por eso resulta difícil imaginar hoy a aquella joven tímida cuando uno se encuentra con la Rocío Hoffmann actual: directa, intensa, inquieta, provocadora y siempre dispuesta a decir lo que piensa.

Hace más de 20 años eligió Playas de Rosarito para vivir. Y aquí encontró el territorio donde su vida artística terminaría de tomar forma.

Durante años ha utilizado su obra para hablar de la contaminación, la basura, el agua, los océanos y la responsabilidad que tenemos con el planeta. Su exposición H²O + humanos, El Océano como Basurero, por ejemplo, convirtió la pintura, la escultura y la instalación en instrumentos de denuncia ambiental.

Su activismo también alcanza a los animales. Ha destinado obra y recursos para apoyar organizaciones dedicadas al rescate de perros y gatos abandonados, demostrando que para ella el arte puede convertirse en una herramienta concreta de solidaridad. Una de sus obras mas emblematicas es el gran mural “La Indiferencia y tu Fiesta” que realizó en Tijuana con el apoyo de la organizacion ambientalista binacional Wild Coast / Costa Salvaje.

Una mujer detrás del movimiento artístico de Rosarito
Hablar de la historia reciente del arte en Rosarito también obliga a hablar de Rocío Hoffmann.
En los años en que Rosarito contaba con numerosas galerías y comenzaba a consolidarse una auténtica ruta artística, Rocío participó en la creación de Arte en Movimiento, un concepto que llevaba el arte a diferentes espacios de la ciudad.
Entre 2007 y 2008 se realizaron tres ediciones de aquel proyecto itinerante, coordinado por Rocío Hoffmann y Armando González de la Fuente. Los artistas instalaban sus propias carpas y llevaban sus obras a distintos puntos de Rosarito, incluyendo la zona hotelera y Puerto Nuevo.
Aquella experiencia sería uno de los antecedentes de lo que posteriormente se convirtió en Rosarito Art Fest y, con el paso de los años, en Art Walk Rosarito.
Rocío ha sido, así, una de las personas que ayudaron a construir esa idea de Rosarito como comunidad artística.
El Titanic también pasó por sus pinceles
En 2025, cuando Rosarito se preparaba para recibir el Tianguis Turístico, Rocío encontró una manera muy suya de recordar uno de los episodios cinematográficos más importantes de la ciudad: el rodaje de Titanic.
Propuso crear una escultura metálica de un Titanic hundiéndose.

Para hacer realidad la idea trabajó con el artista y herrero Víctor Hugo Chávez, quien llevó el proyecto a una dimensión tridimensional. La obra fue instalada en el muelle del Hotel Rosarito Beach y se convirtió en una referencia visual de aquella historia cinematográfica que hace 30 años colocó a Rosarito en el mapa mundial del cine.
La escultura es, de alguna manera, muy Rocío: una idea aparentemente sencilla que termina convirtiéndose en una conversación sobre identidad, historia, turismo, arte público y memoria.
Pintar para reconstruirse
En los últimos años su obra adquirió además una dimensión profundamente personal.
Su series Lagrimas y Puzzle nacen a partir de una de las experiencias más dolorosas de su vida: la muerte de su hijo Ivan Lizarraga Hoffmann. A partir de entonces, las piezas del rompecabezas se convirtieron en una metáfora de la reconstrucción emocional.

Cada fragmento parece hablar de pérdida, dolor, memoria, pero también de la posibilidad de volver a armarse a través de ejercicio creativo, el hacer como una forma terapéutica del ser desolado.

Hoy, cuando se habla de los personajes que han contribuido a darle personalidad cultural a Playas de Rosarito, el nombre de Rocío Hoffmann aparece inevitablemente.
Desde su estudio en el kilómetro 38, continúa pintando, creando, organizando, convocando y defendiendo aquello en lo que cree.
Porque si algo ha caracterizado a Rocío Hoffmann durante todos estos años es precisamente eso: no quedarse quieta. Sin duda ella es un referente en la construcción del Rosarito artístico de hoy que ha logrado impactar en la región Cali Baja.


Autoretrato
