20 años sembrando lectores en Playas de Rosarito

Hace dos décadas, un pequeño grupo de voluntarios encendió una chispa que hoy sigue iluminando a toda una generación. Así nació Amigos de la Biblioteca de Rosarito A.C., una iniciativa impulsada por la comunidad norteamericana que, con el tiempo, sumó voluntades del gobierno municipal, docentes, estudiantes y familias enteras, hasta convertirse en un referente del fomento a la lectura en la ciudad.

Al inicio, el esfuerzo fue concreto y necesario: fortalecer las cinco bibliotecas municipales. Llegaron donaciones de libros, mejoras en infraestructura y equipamiento. Pero lo que comenzó como apoyo material pronto evolucionó hacia algo más profundo: crear lectores. El programa Rosarito Lee nace y uno de los primeros pasos fue hacer que miles de estudiantes de primaria leyera el mismo libro.

El corazón de esta experiencia fue el libro “Cajas de Cartón”, del escritor mexicoamericano Francisco Jiménez. La historia de “Panchito”, un niño migrante que cruza la frontera con su familia para trabajar en los campos agrícolas, tocó fibras profundas en miles de estudiantes.

El momento cumbre llegó cuando el propio autor visitó Rosarito. En el Baja California Center, más de 4 mil niñas y niños corearon al unísono el nombre del personaje que habían hecho suyo:
—¡Panchito! ¡Panchito!

Desde el escenario, el doctor en literatura y profesor universitario, ya con más de 70 años, escuchaba emocionado a sus lectores: familias completas, docentes y estudiantes que habían encontrado en su historia un espejo y una inspiración. No fue una visita única; Jiménez regresó en varias ocasiones, consolidando un vínculo entrañable con la comunidad.

Así surgieron programas, concursos y encuentros que transformaron la relación de miles de niñas y niños con los libros. Entre ellos, la ya emblemática Copa Panchito en honor a Francisco Jiménez, un concurso de lectura que convirtió la comprensión literaria en una fiesta colectiva. Equipos de estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado competían en eliminatorias —octavos, cuartos, semifinales— hasta llegar a la gran final en el patio central del Palacio Municipal, en un ambiente que recordaba a un programa de televisión, lleno de emoción, nervios y entusiasmo.

Paralelamente, nació otro de los proyectos más queridos: la Biblioteca Móvil. Con paradas quincenales en colonias como Machado, Reforma, Independencia y Lomas de Coronado, este espacio itinerante ha llevado libros directamente a donde están los lectores.

Ahí, entre estantes sobre ruedas, se repite una escena reveladora: niñas y niños que no se conforman con uno o dos libros. Algunos se llevan hasta 14.
—“Me llevo varios… a veces para investigar, otras para leer historias o poesía. Los libros me acompañan durante dos semanas, y cuando los regreso, muchas veces renuevo el préstamo”, cuenta una de las usuarias.

Esa avidez es el mejor indicador del impacto logrado.

Hoy, la Biblioteca Móvil, los programas de verano y las actividades en escuelas continúan como el eje principal de una organización que, sin fines de lucro, ha sostenido su labor gracias a una mesa directiva comprometida y al entusiasmo de decenas de colaboradores.

El pasado 13 de mayo, en el Centro Estatal de las Artes (CEART Rosarito), la asociación celebró su sesión anual. Ahí no solo se rindieron informes: también se partió el primer pastel de sus primeros 20 años.

Veinte años de trabajo constante, silencioso y colectivo.
Veinte años poniendo libros en manos de niñas y niños.
Veinte años construyendo comunidad alrededor de la lectura.

Y, sobre todo, veinte años demostrando que cuando una sociedad decide apostar por los libros, el impacto se mide en generaciones.

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